Tal vez tú eras muy joven

para la lluvia,

mucho más joven que la luz

y que la sombra

que nos cobijaba.

Quizás debí apartarte

del silencio

y de la soledad

y la utopía.

Seguro que debí arropar

tus miedos con mis brazos,

esos que se quedaron anclados

en la boca

como gritos de Munch,

horrorizados.

Tal vez debí guardarte

como a un tesoro viejo

para evitar que otros

rompieran mi recuerdo.

(En ti se agotó el mundo

y yo ya no habito

ninguno de tus pasos).