Por eso me pierdo en tu nombre

y lo voy desordenando

letra a letra,

miedo, cielo, digo, debo.

Por eso esa manía de devorar tu risa

y contar los lunares de tu espalda

como si fueran una constelación

y de ocultar mis ojos tras unas gafas grandes

y coger la lluvia con los dedos

de mi mano derecha

(entonces te decía que eran horas contigo,

tú nunca lo entendiste).

Por eso esta imagen quieta de ti

que se niega a dejarme

tu espacio

vacío.

Y tú en todas las orillas.