Fuego que no arde
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Tú te vuelves antiguo
como el papel de los libros,
amarilleas
y envejece tu voz
en los pliegues del tiempo
y de pronto es imposible
tocarte
o reinventar tu imagen
porque ya sólo eres un eco,
una llamita
del fuego que vivimos
(y ya ni siquiera ardes).
















instanteca dijo
Y así va apagándose todo a nuestro paso. Primero dejamos de arder y al final nos apagamos en todos.
Besos.
18 Febrero 2009 | 05:21 PM