Sé que todo esto es inevitable.

Inevitable el vuelo

al pasado donde habitas

y la sombra huraña

de mis ojos

y esta pesadumbre

que adormece el mañana. 

Yo ya sé que llegados

a este punto

es necesario

oxigenar la risa

y traerla desde el centro

de la sangre

y es preciso alcanzar

la orilla en que no estás. 

Pero en el fondo intuyo

 inevitable

el escalofrío de mis labios

al pronunciar gaviota

(o mejor dicho gaivota)

y que se me llene de pájaros

esta obstinada boca

insensible al olvido.