Nos soplarán el polvo

y dirán que no fuimos

más que un sueño desnudo,

una sombra pequeña,

el susurro del viento,

una gota de agua,

un silencio,

nada.

Dirán que quisimos ser

demasiado valientes

(y fuimos tan cobardes),

que fuimos dolorosamente

ingenuos

pequeños dictadores

de nuestra propia muerte.

Y como las volutas

del humo de un cigarro

nos fuimos disolviendo

cada vez más pequeños

cada vez más lejanos.