Yo no pedí marchar.

No pedí estas calles

para que pisaran mis zapatos,

ni pedí la nostalgia

tan verde

y tan grave,

la nostalgia del mar.

Yo no fui quien quiso

escaparse de la lluvia

y alojarme en este centro

donde falta el otoño

ni vivir demasiado

rodeada de ojos.

No fui yo la que

consciente

pedí que me dejaran

sin manzanos.

Y vine a esta ciudad

donde es mutuo

el desencuentro

(yo no entiendo su prisa

y ella apenas comprende

que el mar me sea

necesario).