Me gusta regresar

a estas calles desnudas

donde todo parece

transcurrir más despacio

después del excesivo

olor a asfalto de mis días.

Necesito regresar

y ver al fondo el monte

con Santa María

haciendo de vigía

y la calle a la derecha

tras al primer semáforo

donde están mis recuerdos

y tantas bienvenidas.

Es preciso el regreso

y dejar que la morriña

se cuele por los labios,

cambiar por fin

el aire de las pestañas

y permitir que la lluvia

moje todo el desorden.

Y ellos esperando

impacientes

la inevitable vuelta

a esta tierra de manzanas.