Tú sabes que te quiero

cuando veo amanecer

sobre las fuentes

y cuando me siento

en la esquina del muelle

abandonada en Mario.

Ya sabes que te quiero

sobre el abismo donde

a veces cuelgan mis ojos

sin verte.

Sabes, ya sé que lo sabes,

que te quiero sin sombra,

pero me hago cobarde

y me cuesta no regresar

a las palabras rotas,

al rumor tan lejano de las olas.

Pero sabes que te quiero

también sobre la lluvia,

sobre los pasos lentos,

en esta inmensa ciudad

donde todo se pierde,

salvo la inevitable certeza

de quererte.