A veces pinto con mi paleta 

de colores nuevísimos

sobre un lienzo blanco

que lleva tu nombre

y recorro contigo amaneceres

de versos y sonidos.

A veces, muchas veces,

me desvisto de mi sueño

y penetro en el tuyo,

me acomodo sin ruido

en una esquina de ti

y te vigilo sin relojes

mientras tú silbas bajito

como un globo 

y te desinflas.

Y luego algunas veces

me encuentro preguntándome

qué haré sin tus zapatos

si sólo tú sabes nombrarme

las esquinas.


(Menos mal que tus pasos aún siguen aquí)