Ya no regresaremos

sobre los viejos pasos,

a la rutina de los besos

callados de domingo.

No volveremos juntos

al paisaje de mi infancia

ni a medirnos el espacio

de una mano a otra mano

para decirnos tanto.

No volveremos al suspiro,

ni regresaremos al otoño,

ni nos diremos todas las cosas

que quisimos decirnos

y se nos quedaron

prendidas en los labios

como colgando de un abismo.

No volverás a abrazarme

como entonces

cuando el futuro sólo era

un lienzo blanco, blanquísimo.