Te propongo

que te quedes conmigo

y me veas reír

y llamarte bajito

y comprender las cosas

que aún no tienen nombre (para mí).

Te propongo

que pases a mi lado

mucho, demasiado tiempo,

que me cojas de la mano

para ayudarme a descubrir

de qué está hecha tu risa

y qué hay detrás

de aquel cajón tan grande,

que juegues conmigo

y olvides la rutina, el bostezo,

que me enseñes a contar

las caracolas, los silencios,

o me leas un cuento

al borde de la cama.

Te propongo

que me sigas

para aprender dónde están

los tesoros escondidos,

la infancia que perdiste,

el dragón que se oculta

en la cueva más oscura.

Te propongo

que me quieras

porque yo voy a quererte

sin preguntas,

sin esperar nada a cambio.

Te llenaré de besos las mejillas.

Y sólo voy a reclamarte

(sin saberlo)

una pequeña esquina

de tu corazón

donde voy a alojarme

sin remedio.