Por fin llegó el descanso, la calma, el cambio de paisaje, el mar hasta donde alcanzan a ver los ojos. Ahora me toca a mí escaparme, dejar el blog un poco dormido, callarme las palabras que regresarán de nuevo en unas semanas, recuperar fuerzas, llenarme de motivos, de sonrisas diminutas, de pasos vacilantes, de poemas nuevitos. Pero no quería irme sin despedirme, sin daros las gracias a todos los que durante estos pocos meses habéis entrado aquí a dejar vuestras palabras, a los más fieles, a los recién llegados, a los que leen pero no dejan comentario, a los que se han asomado aunque sea una vez… a todos, gracias por estar ahí, por escucharme, leerme, animarme, sonreír conmigo o todo lo contrario. Entré aquí para liberar mis pensamientos, a modo de terapia de olvido, y algunos ya sabéis que me tenéis enganchada sin remedio a vuestros escritos y que, aún cuando estaré descansando al lado del mar, echaré de menos saber un poco de vosotros cada mañana. Prometo intentar ponerme al día en cuanto regrese. Hasta dentro de un suspiro. Mil Besiños

P.D.: La imagen es la vista desde el Monte da Curota, en la Ría de Arosa, donde está mi rincón de duermevelas, a donde se encaminan ya mis pasos (porque mi corazón hace siglos que habita allí). Y siempre he querido poner esto de “Disculpen las molestias” en algún lugar, así que espero que me perdonéis la tontería ;)