Voy a ser sincera. No sé si quiero curarme del todo de ti. No sé si estoy dispuesta a echarte definitivamente al olvido y que tu nombre deje de acecharme en cada esquina y callar tu silencio con palabras. No sé si me apetece deshacerme de esta esquina del alma en la que vives, de la cala que llené con tus recuerdos, de todas estas cartas con tu nombre en la firma, de los libros que dejaste en las estanterías. Pero sí, necesito tiempo para curarme (es preciso, urgente, necesario), mucho, demasiado tiempo.¿Puedo quererte sólo una semana? No sé si una semana te parecerá suficiente, pero a mí me basta. Durante una semana puedo pensarte a todas horas, enviarte palabras a destiempo, reunir retazos de tu rostro hasta completar el puzzle que te nombre, ponerte ojos, boca, pestañas, adjetivos, darte la forma exacta que tuviste. Durante una semana voy a quererte como a nadie, sin esquinas, sin preguntas, sin relojes caminando de puntillas sobre sus agujas, a devorar cualquier pensamiento que no te hable de mí. Y si después de esta semana consigo librarme de ti, hacerte olvido, que dejes de ser un fantasma que me persigue en las noches de insomnio y duermevelas, prometo devolverte todo este amor de golpe para que lo mates con tus propias manos y que deje de sufrir esta agonía. Después de una semana voy a gritarle al mundo que ya no recuerdo cómo sonaba tu nombre en las paredes.